
Eslovenia es un país en el que, contrastando con las mesetas de su parte este, varias cordilleras montañosas se alzan hacia el cielo conformando una serie de paisajes de inusitada belleza. Los Alpes julianos, en el extremo noroeste de Eslovenia, son su máxima expresión, alcanzando los 2864 metros de altitud con el Monte Triglav.
Se trata de un territorio salvaje, en el que los paisajes kársticos están salpicados de elevadas cumbres, profundos cañones y ríos de tonalidades azules inverosímiles.

Si bien explorarlo por completo puede llevar varios días, una jornada completa bien exprimida puede permitirnos conocer algunos de sus enclaves más relevantes. No contamos aquí, eso sí, Bled y sus alrededores, puesto que deberían ir incluidos en este epígrafe pero que consideramos merecen una entrada propia en el blog.
Hoy te contamos nuestra experiencia recorriendo los Alpes julianos. ¿Nos acompañas?
*Nota: esta entrada se complementa con la de Bled y alrededores, y que podrás leer en la próxima entrada del blog.
Índice de contenidos
¿Cómo llegar a los Alpes julianos?
La zona de los Alpes julianos abarca una gran parte del noroeste de Eslovenia, incluyendo una miríada de valles, el Lago de Bled y los alrededores de este último.
Bled, la célebre ciudad de belleza sin parangón, puede resultar un excelente campo base donde alojarse y desde el que moverse por toda la región. Así los destinos más distantes se hallan a tan solo una hora y media de Bled, por lo que es asequible ir y volver en el día siempre y cuando se disponga de coche (lo habitual es coche de alquiler, como hicimos nosotros).
En nuestro caso, habíamos planteado una ruta circular en coche, entrando a Eslovenia por la zona de Kobarid (al noroeste) y atravesando la mayor parte de los atractivos de los Alpes julianos para dormir a la noche siguiente en el entorno de Bled. Creemos que esta es una buena opción para conocerlos en profundidad.
Desde la capital, Ljubljana, apenas es poco más de media hora a Bled, casi una hora a Kranjska Gora o casi dos horas a Kobarid, algunas de las poblaciones relevantes y que pueden servir como campo base en la zona.

¿Dónde alojarse en los Alpes julianos?
La oferta de alojamiento en la región es enorme, pudiendo encontrar desde hoteles más convencionales hasta pequeñas casas en zonas rurales o pintorescos hoteles con vistas de escándalo.
Si bien en dependencia de cuántos días vayamos a estar por la zona se puede plantear dormir en varios lugares, las distancias son más bien pequeñas y tener un buen “campo base” permite realizar incontables escapadas en el día sin ningún problema.

Probablemente, en dicho caso y tal y como hemos comentado antes, la zona ideal sea el entorno de su población más célebre: Bled. Se trata de una ciudad con una ingente oferta hotelera, con todos los servicios, bien comunicada y en una posición más o menos central con respecto al resto de lugares turísticos.
Otros lugares recomendables donde pasar alguna noche (aunque menos prácticos como campo base para una estancia larga) pueden ser también el entorno del Lago Bohinj o la población de Kranjska Gora, cuyos entornos son también espectaculares y que constituyen visita obligada en la zona.
¿Qué ver y hacer en los Alpes julianos?
La oferta de actividades en los Alpes julianos es extensísima, predominando las actividades deportivas y de aventura (senderismo, esquí, kayak, bicicleta de montaña…), complementadas a la perfección por paisajes de postal, lagos y poblaciones de beldad extrema.
Algunos de los lugares a visitar en esta región son los siguientes:
– Bled: la archiconocida población de Bled, situada a orillas del lago homónimo, es el principal destino turístico de Eslovenia. Merece la pena dedicarle al menos un día, y otro para el entorno más cercano a la población. Lo detallaremos todo en otra entrada del blog.
– Garganta de Vintgar: espectacular ruta senderista por un cañón de aguas prístinas. Visita obligatoria.
– Lago Bohinj: otro lago, de grandes dimensiones, situado bajo las cumbres más elevadas del país. Entorno ideal para el senderismo, bicicleta de montaña o, simplemente, para dar un agradable paseo a orillas del mismo.
– Teleférico de Vogel: el teleférico que parte a orillas del Lago Bohinj y asciende a las pistas de esquí sigue en funcionamiento fuera de la temporada invernal y permite llegar a un altiplano con vistas panorámicas más que interesantes.
– Cascada Savica: curiosa cascada, de 78 metros de altura, a la cual se accede tras un agradable paseo por el bosque.

– Parque nacional del Triglav: la montaña más elevada de Eslovenia, con 2864 metros, da nombre a un vasto territorio agreste, con paisajes hermosos, fauna y flora espectaculares e infinidad de rutas para recorrer caminando o en bicicleta.
– Kobarid: pequeña población con excelentes restaurantes, cercano a algunos puntos de interés como el Puente de Napoleón y la escondida Cascada Kozjac.
– Otras poblaciones: Tolmin (y sus cercanas Gargantas de Tolmin), Bovec o Kanal, entre otros.
– Cascada de Boka: con 144 metros de altura, es la más alta de Eslovenia.
– Paso Vrsic: el puerto de montaña más alto de Eslovenia tiene historia detrás. Fue construido por prisioneros rusos durante la I Guerra mundial; en 1916 una avalancha sepultó a más casi 300 de ellos. En su honor se construyó la Capilla rusa, muy cercana a la cima. En la actualidad el Paso Vrsic es punto de partida de numerosas rutas senderistas y merece la pena ascenderlo bien sea en coche, moto o bicicleta.
– Lago Jasna: en realidad son dos pequeños lagos artificiales en la confluencia de los arroyos Velika Pisnica y Mala Pisnica. Espectaculares vistas de los Alpes julianos reflejados en sus aguas.
– Kranjska Gora: situada a los pies de las pistas de esquí, se trata de una hermosa población rodeada de un paisaje montañoso sin par.

Aunque estos son los principales, si quieres profundizar más en todo lo que ver por la zona (que hay mucho), te recomendamos que eches un vistazo a la completísima y bien diseñada página web de Turismo de Eslovenia en su apartado sobre la Eslovenia alpina.
Nuestra experiencia en los Alpes julianos
Primer día en Eslovenia, por lo que nos levantamos sin prisa, cansados del viaje de ayer y por haber llegado al alojamiento casi a las 12 de la noche. Desayunamos en nuestro agradable hotel (¡qué lástima no poder disfrutarlo más!) y enseguida partimos con el coche hacia el centro de la población de Kobarid.
Aparcamos cerca del centro, intentando encontrar algún estacionamiento gratuito (spoiler: muy difícil) y paseamos un poco hacia la iglesia y la calle principal, que tampoco son nada del otro mundo. Apenas dedicamos unos 15-20 minutos a recorrer sus calles, no muy llamativas.
Así, pronto tomamos el coche y descendemos hacia el enclave en que se halla el Puente de Napoleón. Lo atravesamos y subimos un poco por la carretera hasta encontrar el primer aparcamiento (1,5€/hora). Deshacemos el camino caminando hasta el fascinante puente, desde el cual tomamos espectaculares fotografías.

Toca remontar de nuevo el camino hasta el aparcamiento y, desde allí, subir todavía un poco más hasta el inicio del camino a la Cascada Kozjac. Se trata de una senda bastante sencilla, con pequeños tramos de subida y bajada, que nos lleva en una media hora hasta la cascada. Un poco antes de llegar a la misma pasamos por una caseta de madera donde debemos abonar los 5€ por persona de la entrada (admiten tarjetas).
El último tramo del camino hasta la cascada está constituido por unas pasarelas de madera que resultan algo resbaladizas al hallarse mojadas. Estas nos depositan, en pocos minutos, en la fabulosa oquedad donde se encuentra la cascada. Hace fresco en el lugar, por lo que sacamos nuestras prendas impermeables y de abrigo, pero disfrutamos mucho del inusual salto de agua.


Finalizada la visita regresamos al aparcamiento para tomar el coche y dirigirnos a la Cascada de Boka, a unos 20 minutos en coche. Un parking gratuito (de los pocos gratuitos que encontramos) nos permite dejar el vehículo junto a la carretera. Ya caminando, la atravesamos y nos internamos en un sendero que comienza a ascender, sin tregua, durante unos quince o veinte minutos hasta alcanzar el mirador de la cascada. Se trata del salto de agua más alto de Eslovenia y nos parece espectacular, a pesar de que en esta época del año probablemente no lleve su mejor caudal. Nos quedamos en el primer mirador, aun a sabiendas de que existe otro más arriba, pero requiere superar un potente desnivel y nos llevaría casi una hora más de ascenso.

El siguiente destino es la localidad de Bovec, una de las más animadas de la zona. Su calle principal, que coincide con la carretera que la atraviesa, está repleta de comercios y algunos restaurantes. En una callejuela que parte de la carretera encontramos el restaurante Gostisce Sovdat, del que tenemos buenas referencias. Platos muy abundantes y ricos, siendo la trucha la que más podemos recomendar.
Decidimos continuar la ruta, regresando de nuevo a nuestro vehículo para dirigirnos al paso de montaña más alto del país: el Paso Vrsic. La carretera comienza en un primer momento paralela al Río Soca, de increíbles aguas azul turquesa. Nos detenemos un rato a la altura de Velika Sorika para contemplar un angosto cañón y las pozas de aguas hermosas, donde decenas de personas se bañan (bueno, en realidad, lo intentan, ya que el agua tiene pinta de bajar helada).

Ascendemos, ahora sí, al Paso Vrsic. Fue construido a primeros del siglo XX por prisiones rusos y, en la actualidad, supone un paso de montaña notorio por las cincuenta cerradas curvas que permiten ascender hasta su cima. Si bien resulta obligatorio detenerse en alguno de los múltiples miradores (bien indicados) que hay a lo largo de la ruta, es necesario saber que en temporada invernal cierra por la gran cantidad de nieve que se suele acumular en su trazado.
Además de pararnos en alguno de los miradores, nos detenemos también en la parte alta, con espectaculares panorámicas de las cumbres de los alrededores.

En el descenso hacemos una breve parada en la Capilla Rusa, que homenajea a los trabajadores que perecieron en un alud mientras construían la carretera. Se trata de una pequeña capilla de madera, bonita por fuera pero que no se puede visitar por dentro.

Descendemos el puerto y en pocos kilómetros llegamos a la zona del Lago Hasna. Hay muy buen ambiente y el lago resulta bastante pintoresco, puesto que está rodeado de grandiosas montañas que conforman un paisaje idílico. Lo rodeamos caminando (merece la pena) y paseamos por el entorno, que nos enamora.

Desde allí nos dirigimos a la localidad de Kranjska Gora. Agradabilísima a estas horas (sobre las 18:00-19:00 h), puesto que hay mucho ambiente en las terrazas y por sus calles. La población, también rodeada de montañas, resulta coqueta e interesante. Su centro urbano es semi peatonal, por lo que lo recorremos con calma mientras degustamos un fabuloso helado (hay una heladería muy recomendable por el centro, con cucuruchos enormes por tan solo 2,3€).

Finalizado el paseo por la población ponemos rumbo a las afueras de Bled, donde nos alojamos en un apartamento agradable en un ambiente rural.
Nos vamos a dormir pronto tras un día intenso y muy completo.



