
El entorno de Canfranc Estación es magnífico, con verticales montañas que se alzan más de mil metros sobre la población. Sus paredes, con frondosos bosques y una intrincada red de senderos, son el vivo testimonio de la humanización del paisaje, profundamente modificado a comienzos del siglo XX para acometer una serie de obras y la repoblación forestal que protegerían a la futura estación de tren de los aludes.
La pista forestal que asciende hasta el paraje de Picauvé es una cómoda manera de conocer la zona, tanto desde el punto de vista paisajístico (llegaremos a un excelente mirador) como desde el punto de vista histórico, puesto que recorreremos algunos de los búnkeres de la “Línea P”, diversos barrancos y edificios clave en el acondicionamiento del valle.
Hoy vamos a dar un agradable paseo por la Pista de Picauvé, en el entorno de Canfranc Estación. ¿Nos acompañas a recorrerla?
Índice de contenidos
¿Cómo llegar al inicio de la ruta?
La ruta planteada parte de la propia población de Canfranc Estación, en la parte alta del Valle del Aragón.
Para llegar a la localidad, desde Jaca se debe tomar la carretera N-330 rumbo norte durante unos 22 km, tomando el desvío a mano derecha justo antes de comenzar el Túnel internacional del Somport.
Una vez en el interior de la población, antes de llegar a la estación de tren se puede encontrar, a mano derecha, un aparcamiento en el que caben unos 30-40 vehículos. Junto al mismo, y cruzando un pequeño puente sobre el Río Aragón, comienza la ruta propuesta.

Datos técnicos
Fecha: 7 de agosto de 2024
Inicio y fin de la ruta: aparcamiento en Canfranc Estación
Tipo de ruta: ida y vuelta.
Itinerario: aparcamiento – Pista de Picauvé – Barranco de Epifanio – Caseta Blanca – Refugio de Picauvé – Mirador de Picauvé – Refugio de Picauvé – Caseta Blanca – Barranco de Epifanio – aparcamiento.
Distancia: 8,27 km.
Desnivel acumulado: 294 metros, tanto de desnivel positivo como negativo.
Altitud:
– Mínima: 1192 metros (aparcamiento).
– Máxima: 1473 metros (mirador de Picauvé).
Duración sin paradas: 2 horas y 30 minutos.
Duración, por partes:
– 10 minutos hasta llegar a la Pista de Picauvé.
– 35 minutos hasta el Barranco de Epifanio.
– 40 minutos hasta la Caseta Blanca (5 minutos de descanso).
– 1 hora y 15 minutos hasta el Refugio de Picauvé.
– 1 hora y 25 minutos hasta los búnkeres y el Mirador de Picauvé (10 minutos descanso).
– 2 horas y 45 minutos hasta llegar de nuevo al coche.
Dificultad/recomendaciones:
– Ruta muy cómoda, que transcurre en su práctica totalidad por pista.
– Una gran parte del recorrido es a la sombra, ideal para días de calor.
– Excursión interesante para hacer con niños, puesto que hay numerosos paneles explicativos durante la ruta.
Track GPS: descargar aquí.
*NOTA: los tiempos, distancia y dificultades encontradas están basados en nuestra experiencia, teniendo en cuenta la climatología, nuestra forma física y experiencia en montaña. Hay que salir al monte siempre bien equipado, con el material y una preparación adecuados, y consultando previamente la previsión meteorológica.



Nuestra experiencia en la excursión por la Pista de Picauvé
En nuestra búsqueda de excursiones y paseos sencillos por el entorno del Valle del Aragón pronto aparece la popular y agradable ruta por la Pista de Picauvé, que parte desde la población de Canfranc Estación y nos lleva a un notable mirador con fastuosas vistas de la estación de tren y todo el valle.
Así, en otra mañana veraniega por el Pirineo decidimos emprender la excursión, apta para toda la familia.
Hay mucho ambiente (y gente a raudales) en el valle, y el entorno de la Estación de Canfranc no iba a ser menos, por lo que tardamos un buen rato en encontrar un hueco libre para aparcar nuestro vehículo .Finalmente, conseguimos hacerlo en una de las calles paralelas a la carretera, muy cerca del pequeño aparcamiento donde comienza la ruta.
Atravesamos un puente sobre el Río Aragón, en el que un grupo de niños chapotean para refrescarse y, tras el mismo, enseguida un cruce de caminos en el que debemos tomar el que continúa llaneando por una zona de huertas.


Pronto la senda se interna, en muy suave ascenso, por un frondoso bosque donde la temperatura es bastante más agradable y fresca. Serpenteando unos minutos, el camino llega a los primeros búnkeres de la línea P, justo en el punto en el que nuestra senda se incorpora a la Pista de Picauvé. Merece la pena leer con atención los paneles informativos que explican, con todo lujo de detalles, las obras realizadas en la década de 1940 para fortificar la zona ante una eventual invasión militar desde Francia que nunca llegó a producirse.


Una vez leídos los paneles informativos, y tras asomarnos a contemplar el interior de alguno de estos búnkeres, nos disponemos a seguir la ruta, ahora ya por pista. Aquí mismo encontramos un nuevo desvío: hacia la izquierda (PR2) iríamos por el Paseo de los Melancólicos, mientras que hacia la derecha (PR 2.4) comienza el ascenso a la Caseta Blanca y Picauvé. Tomamos, pues, esta segunda opción.

La pista, ancha y en buen estado, comienza a ascender suavemente, dejando a los lados varios senderos que sí ascienden decididos en busca de las cumbres de los alrededores. En todo momento debemos seguir por la amplia pista, no tiene pérdida.
El terreno por el que caminamos, muy humanizado, se halla frecuentemente protegido por muros de piedra, y de vez en cuando atraviesa algún barranco por el que vemos bajar el agua desde las cumbres. Uno de los más célebres es el Barranco de Epifanio (1,96 km; 35 minutos, 1311 metros de altitud), señalizado en la ruta y también explicado de manera amena en un gran panel informativo. Se trata de un barranco que desciende desde casi los 2400 metros hasta la explanada de la Estación de Canfranc, y que fue profundamente modificado con diversos diques a lo largo de su recorrido para evitar que la nieve, el agua o las piedras de las cumbres llegaran a alcanzar la espléndida estación. Se trata de uno de los ejemplos más evidentes de la modificación que sufrió el valle a comienzos del siglo XX con el objetivo de proteger la estación.



Dejamos atrás el barranco y seguimos caminando, a ritmo pausado, por la sombría pista que nos deposita, pronto, en la Caseta Blanca (2,10 km; 40 minutos; 1322 metros). Esta pequeña edificación fue, en su época, uno de los viveros donde crecían los árboles que posteriormente se plantaron en las laderas del valle para protegerlo de los frecuentes aludes.
Tras leer los siempre interesantes paneles explicativos, proseguimos la ruta por la cómoda pista. Seguimos, en todo momento, por la sombra, por lo que el caminar resulta sumamente agradable.

Poco más adelante pasamos por el Barranco de Cargates y, algo más allá, por el Refugio de Picauvé (3,67km; 1 hora y 15 minutos; 1450 metros). Se trata de otra pequeña edificación, sencilla pero cuidada, que podría servir de guarida en caso de tormenta.


La pista realiza un par de lazadas con algo más de pendiente para, enseguida, alcanzar el llano de Picauvé (3,86km; 1 hora y 25 minutos; 1466 metros). Se trata de un pequeño prado ya con buenas vistas, en el que confluyen varias sendas, bien señalizadas.

Debemos reparar en los carteles que nos indican la Ruta de los búnkeres/Mirador de Picauvé, y que nos invitan a girar hacia la izquierda. Un estrecho sendero, entre arbustos, nos lleva en un par de minutos a ver algunos de los búnkeres que aquí se construyeron, así como a alcanzar el Mirador de Picauvé, que ofrece unas panorámicas espectaculares del Valle del Aragón y, sobre todo, de la espectacular Estación de Canfranc.
Estamos unos cuantos minutos contemplando el paisaje y recorriendo los senderos que llevan a los diversos búnkeres.



Tras comer y beber un poco y realizar las fotos de rigor, es hora de emprender el camino de vuelta. Si bien se podría realizar una ruta circular regresando por el Col de Ladrones (hacia el norte), esta ruta ya no es tan sencilla y presenta un par de puntos en los que es preciso ayudarse de las manos, así que la dejamos para otra ocasión. Así, optamos por regresar por la cómoda pista de la ida, la cual descendemos a buen ritmo hasta llegar de nuevo al coche.
En resumen, la excursión hasta el mirador por la Pista de Picauvé es una agradable y cómoda ruta, apta para toda la familia, repleta de interesantes paneles explicativos y que puede resultar ideal para días de calor, puesto que transcurre prácticamente en su totalidad a la sombra. ¡Que la disfrutes!



