
Son incontables las rutas a realizar en el Pirineo aragonés. Cortas o largas, por valles o por cumbres, en verano o en invierno…todas tienen algo diferente que ofrecer y, en la mayor parte de los casos, son un regalo para la vista. En ocasiones, además, nos permiten conocer parte del riquísimo patrimonio cultural que guardan estos lugares, como es el caso de la ruta que nos ocupa.
Se trata de una excursión circular a la Ermita de la Virgen de la Encontrada, en la población ribagorzana de Chía. En este caso, nos acercamos a visitar esta coqueta ermita, de historia bien interesante y que ofrece, además, unas panorámicas de ensueño sobre la parte más meridional del Valle de Benasque.
Hoy te proponemos una cómoda ruta circular por el entorno de Chía, para llegar su Ermita de la Encontrada. ¿Nos acompañas?
Índice de contenidos
¿Cómo llegar al inicio de la ruta?
Subiendo hacia Benasque/Benás, primero por la N-260 que después se transforma en A-139, a la altura del punto kilométrico 386,5 aproximadamente, un desvío hacia la izquierda marca, claramente, la carretera que nos llevará a Chía (HU-V-6412).
Son unos 3 kilómetros de ascenso pronunciado y revirado hasta llegar a la localidad. Una vez en ella continuamos por la carretera principal hasta llegar a la Plaza mayor, donde se halla el ayuntamiento, un bar y un pequeño parque deportivo. La carretera vira hacia la derecha y, enseguida, advertimos un cartel que nos indica una zona de aparcamiento, en una calle a apenas 15-20 metros de dicha plaza.
En el aparcamiento hay espacio para, al menos, una docena de vehículos.
La ruta comienza descendiendo a la Plaza mayor para, allí, girar a la izquierda (sudeste) hasta salir de la población.

Datos técnicos
Fecha: 21 de agosto de 2025
Inicio y fin de la ruta: aparcamiento en la población de Chía, cerca de la Plaza Mayor.
Tipo de ruta: circular.
Itinerario: aparcamiento – camino Cabollaguna – La Costereta – Ermita de la Virgen de la Encontrada – aparcamiento.
Distancia: 3,75 km.
Desnivel acumulado: 145 metros, tanto de desnivel positivo como negativo.
Altitud:
– Mínima: 1202 metros (Chía).
– Máxima: 1308 metros.
Duración sin paradas: 1 hora y 40 minutos (ritmo tranquilo).
Duración, por partes:
– 6 minutos hasta el desvío a la salida de Chía.
– 20 minutos hasta el desvío hacia la ermita.
– 1 hora y 5 minutos hasta la ermita (20 minutos de descanso)
– 2 horas hasta llegar de nuevo al aparcamiento.
Dificultad/recomendaciones:
– Ruta cómoda y sencilla, que conjuga patrimonio y naturaleza.
– El tramo de regreso es por un sendero en perfecto estado (apto para todos los públicos). El de ida, si bien no es difícil, transcurre por un sendero algo más enmarañado y poco transitado.
– Excursión ideal para realizar en familia (niños porteados), aunque quizá con estos últimos haya algún tramo en el sendero de ida que requiera extremar precaución. Se puede simplificar realizando el camino de ida y de vuelta por el sendero principal (el que utilizamos nosotros a la vuelta).
Track GPS: descargar aquí.
*NOTA: los tiempos, distancia y dificultades encontradas están basados en nuestra experiencia, teniendo en cuenta la climatología, nuestra forma física y experiencia en montaña. Hay que salir al monte siempre bien equipado, con el material y una preparación adecuados, y consultando previamente la previsión meteorológica. Recomendamos seguir, en todo momento, los consejos y recomendaciones de Montaña Segura.


Nuestra experiencia en la ruta circular a la Ermita de la Encontrada
Previsión meteorológica incierta en el Valle de Benasque. Intervalos de sol y nubes, probabilidad moderada de lluvias suaves. Eso sí, cuanto más al norte más complicado parece todo.
Por ello, optamos por elegir alguna ruta sencilla más al sur y que, a ser posible, no transcurra a demasiada altitud. Así, la ruta circular a la Ermita de la Virgen de la Encontrada, partiendo de la localidad de Chía, resulta ideal.
Dejamos el coche en el aparcamiento situado junto a la Plaza Mayor y, ya caminando, retrocedemos unos metros hasta alcanzar la plaza, en que se encuentra el ayuntamiento y un animado bar. Divisamos una pequeña calle que parte hacia la izquierda según nuestra marcha (hacia el sudeste) y que, en apenas unos cien metros, abandonamos nuevamente hacia la izquierda hasta toparnos con un coqueto parque infantil.

Junto a este último hallamos el principal desvío de la ruta y que constituye el punto de decisión para elegir el sentido en que haremos la excursión circular. Un cartel con forma de flecha nos invita a ir hacia la derecha (“Camino la Virgen”); fijándonos bien vemos otro, apenas legible, que indica el Camino Cabollaguna, que sería el desvío de la izquierda. Optamos por plantear esta ruta en sentido horario, para comenzar con la parte menos cómoda (cresta, camino menos transitado…) y así regresar por el camino más sencillo.
De este modo, abandonamos el camino asfaltado y tomamos la pista hacia la izquierda (“Camino Cabollaguna”, apenas legible), abandonando la localidad en un agradable pasear junto a campos de cultivo.


Enseguida la estrecha pista finaliza para dar lugar a un sendero algo descuidado, ora delimitado por muros de piedra seca, ora por magníficos ejemplares de boj (buxus sempervirens). Es, además, aquí en que el camino comienza a ganar algo de desnivel, aunque siempre en un ascenso moderado y relativamente cómodo.


Muy de vez en cuando nos topamos con algún hito de piedras que nos confirma que nos encontramos en la senda adecuada. Y, precisamente, un par de hitos de gran tamaño nos indican que alcanzamos otro importante desvío. Sin señalización alguna, vemos una senda que parte hacia la izquierda (llevaría, finalmente, a la pista que asciende al Collado de Sahún); nosotros viramos a la derecha para continuar ascendiendo, ahora quizá más suavemente, pero también por estrecho camino entre bojes.

En apenas unos minutos el entorno se vuelve menos denso y, periódicamente, se abre permitiéndonos ya contemplar algunas de las cumbres y paisajes de los alrededores. Dado que estamos cresteando por La Serreta, a nuestra izquierda (noreste) asoman las triangulares formas de Gallinero (2728 m) y Cibollés (2749 m).
No debemos permitir que las vistas nos despisten, puesto que en este terreno algo más abierto la senda serpentea entre los arbustos y, aunque no resulta complejo seguirla, tampoco nos parece difícil perderla, aunque sea momentáneamente. Por ello, caminamos despacito pero con buena letra y vamos ascendiendo, ahora prácticamente de manera inapreciable. Merece la pena, no obstante, echar periódicamente un vistazo atrás para contemplar la población de Chía bajo la sierra homónima, en una estampa de postal.




Superamos un par de metros en que las rocas calizas atraviesan el camino, sin mayor dificultad, y pronto llegamos al punto más elevado de la excursión. Sin pausa, ni prisa, acometemos el inicio del descenso.
Sencillo también, a tramos entre gigantescos bojes y en otros momentos por pequeños prados herbosos (en que cuesta un poco discernir por dónde transcurre la senda), vamos avanzando a ritmo sosegado.


En medio de la bajada la senda vira hacia la derecha para acometer unos metros de ascenso. Son, quizá, estos los únicos que pueden presentar una mínima complicación, puesto que requieren superar un par de escalones rocosos de moderada altura. Nada difícil, pero que obliga a aumentar la precaución si se va con niños porteados como es nuestro caso.
Pronto, coincidiendo con que salimos del tramo de grandes arbustos a pasar a uno de matorrales, en que predomina el siempre punzante abrizón/erizón (Echinospartum horridum), divisamos ya la silueta de la ermita, unas decenas de metros más abajo.



El último tramo de descenso quizá sea el más pronunciado y, a pesar de que se trata de una senda de tierra con pequeñas rocas sueltas, no impresiona de ser muy resbaladiza. Con cuidado, como siempre, emprendemos los últimos metros de descenso hasta llegar a la entrada de la ermita.
Fastuosas panorámicas desde la misma. Hacia el este reconocemos poblaciones como El Run o Castejón de Sos, así como las cumbres de Gallinero (2728 m), Cibollés (2749 m), Turbón (2492 m) o Baciero (2115 m). Mirando al sur se adivina el siempre asombroso Congosto del Ventamillo, entre cuyas paredes verticales se interna, diminuta, la carretera que sale del valle. En el oeste destaca, soberana, la Sierra de Chía, que sobrepasa los 2500 metros de altitud.
Disfrutando del día soleado pero con temperaturas moderadas, nos quedamos un buen rato sentados en el entorno de la ermita, muy agradable.




Pero toca emprender el camino de vuelta, el cual hacemos por una senda totalmente distinta a la de ida, mucho más llana y cómoda. Así, nada más salir de la ermita vemos una bifurcación en la que podemos elegir por la pista (llevaría a la carretera) o la senda que, inicialmente, asciende ligeramente, protegida por una barandilla de madera. Tomamos esta última, que en pocos metros llega a un curioso belén hecho con figuritas de plástico.

Seguimos caminando, ya sin apenas desnivel perceptible, y echando de vez en cuando la vista atrás para contemplar la ermita a lo lejos (¡menudo paraje eligieron para construirla!). El camino va introduciéndose entre arbustos de boj progresivamente más altos, hasta transcurrir, casi literalmente, por un túnel de dicha planta. Se agradecen mucho, eso sí, los tramos en sombra.


A ritmo más ligero que a la ida van pasando los metros y, casi sin darnos cuenta, alcanzamos otra vez la entrada de la población, justo en el cruce inicial situado al lado del parque infantil.
Apenas nos queda recorrer una centena de metros para alcanzar la Plaza Mayor y, junto a ella, el aparcamiento donde habíamos dejado el coche.
En conclusión, la ruta circular a la Ermita de la Virgen de la Encontrada es una sencilla manera de aunar naturaleza y cultura con unas vistas formidables.



